El Relevo Institucional: ¿Oxigenación o Incertidumbre?

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ELLOS OPINAN RD

Por: Ydalina Rosario Monción

SANTO DOMINGO, RD.- En la dinámica democrática de la República Dominicana, los cambios en el gabinete y en las direcciones de las instituciones estatales son más que simples movimientos de piezas en un tablero político. Representan, en esencia, un mecanismo de rendición de cuentas en tiempo real y una oportunidad de reajuste para el cumplimiento de las metas nacionales.

A inicios de este 2026, la opinión pública observa con detenimiento cada decreto. La importancia de estas sustituciones no radica en el nombre que sale o el que entra, sino en la capacidad de la administración para mantener la continuidad del Estado.

Un cambio de mando debe interpretarse como una «oxigenación» necesaria cuando los objetivos sectoriales se estancan, o cuando la demanda social exige un nuevo enfoque en áreas críticas como la seguridad, la salud o la economía.

Sin embargo, para que estos relevos sean verdaderamente efectivos y no meros trámites burocráticos, deben basarse en criterios de meritocracia y eficiencia. La objetividad nos obliga a señalar que el éxito de un nuevo ministro o director no se mide por su lealtad partidaria, sino por su capacidad de ejecutar el presupuesto con transparencia y por la agilidad para resolver los nudos legales que suelen frenar la administración pública dominicana.

El riesgo de la inestabilidad siempre está presente. Por ello, es imperativo que cada transición garantice la permanencia de los cuadros técnicos capacitados. El Estado no puede permitirse empezar de cero cada vez que un despacho cambia de titular; la institucionalidad se fortalece cuando las políticas públicas trascienden a las personas.

En conclusión, los cambios en el tren gubernamental son saludables y necesarios para evitar el aletargamiento del poder. Pero la sociedad dominicana, cada vez más vigilante, ya no se conforma con nuevas caras. Lo que se busca, y lo que el país merece, son resultados tangibles que demuestren que cada decreto tiene como fin último el bienestar colectivo y no el simple acomodo de fuerzas políticas. La verdadera transformación del Estado se logra cuando el cambio de mando es sinónimo de avance, no de pausa.

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