ELLOS OPINAN RD
Por: Ydalina Leticia Rosario Monción
SANTO DOMINGO, RD.- La política dominicana ha entrado en una fase de «metamorfosis forzada». Mientras el ciudadano común lidia con el costo de la canasta básica y los ecos de las reformas fiscales, en los pasillos del poder el reloj no marca la hora actual, sino los latidos de mayo de 2028. Con la reciente reforma constitucional que pone un «candado» definitivo a la reelección presidencial, el escenario político ha pasado de ser un monólogo a convertirse en una guerra de guerrillas por el relevo.
El PRM: ¿Unidad o Canibalismo?
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta su mayor reto histórico: sobrevivir a la ausencia de Luis Abinader en la boleta. El éxito del partido oficialista dependerá de si logran gestionar las ambiciones de sus «delfines» sin despedazarse en el intento. La gestión de la economía y la seguridad ciudadana en estos próximos dos años serán el combustible —o el veneno— para quienes aspiren a heredar la «curul de Gazcue». La pregunta no es si tienen candidatos, sino si el partido podrá evitar que las facciones internas fracturen la estabilidad gubernamental.
La Oposición: Entre el Renacimiento y la Obsolescencia
En la acera del frente, la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se encuentran en una encrucijada existencial.
- La Fuerza del Pueblo apuesta a la figura de Leonel Fernández como el eje de la experiencia, pero ¿bastará con el peso del nombre frente a una generación de nuevos votantes que no votan por nostalgia?
- El PLD, tras un proceso de renovación interna y golpes judiciales, busca desesperadamente un nuevo rostro que logre conectar con una clase media desencantada.
Para ambos, el 2028 no es una elección más; es la última oportunidad para evitar que el sistema de partidos se incline hacia un modelo de hegemonía única o, peor aún, hacia el surgimiento de un outsider que capitalice el hastío social.
El Factor X: El votante centennial y la antipolítica
El verdadero protagonista del 2028 no viste camisa de color partidario. Es un elector joven, digital y profundamente pragmático que ya no cree en «el picapollo ni en la funda». Si los partidos tradicionales no logran articular soluciones reales a problemas estructurales como el tránsito, la crisis de la seguridad social y la educación, el panorama podría verse sacudido por figuras emergentes que, fuera del sistema tradicional, prometan «quemar el tablero».
Conclusión:
La República Dominicana se encamina hacia un 2028 de pronóstico reservado. La institucionalidad ha ganado un asalto con la limitación de mandatos, pero la democracia se juega en la calidad de las propuestas. El tablero está roto, las fichas se están moviendo y, aunque faltan años, el jaque mate se está cocinando hoy.
¿Están los líderes actuales a la altura de lo que el país demanda, o seguiremos viendo el mismo espectáculo con distintos disfraces? El tiempo, ese juez implacable, ya empezó a correr.







