ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- El Ártico ha dejado de ser una frontera de hielo para convertirse en el epicentro de una tormenta diplomática sin precedentes.
En las últimas semanas, la atención del mundo se ha volcado hacia Groenlandia, la isla más grande del planeta, que se encuentra atrapada en una pinza de intereses entre la renovada ambición expansionista del presidente estadounidense Donald Trump y la calculada postura del líder ruso Vladímir Putin.

La ofensiva de Washington: ¿Compra o ultimátum?
Desde principios de 2026, el presidente Trump ha intensificado su campaña para adquirir Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. Lo que en 2019 comenzó como una idea audaz, se ha transformado hoy en una política de Estado bajo el argumento de la «seguridad nacional» frente al avance de China y Rusia en el Ártico.
La tensión alcanzó su punto máximo el 17 de enero de 2026, cuando la Casa Blanca anunció la imposición de aranceles del 10% a Dinamarca y otros siete países europeos por su rechazo a negociar la venta de la isla. Trump llegó a sugerir que, ante la negativa de Copenhague, Estados Unidos podría actuar «por las buenas o por las malas», sin descartar medidas que desafían el derecho internacional. No obstante, en un giro reciente durante el Foro Económico Mundial en Davos (21 de enero), el mandatario ha suspendido estas amenazas tras anunciar un supuesto «marco de acuerdo» con la OTAN para el control estratégico de la región.
Putin: El espectador interesado
Mientras la OTAN se resquebraja por las presiones de su principal socio, Vladímir Putin observa con una mezcla de ironía y pragmatismo. El Kremlin, que históricamente ha declarado que Groenlandia es un asunto estrictamente bilateral entre Washington y Copenhague, ha aprovechado la coyuntura para avivar el fuego.

En declaraciones recientes (22 de enero de 2026), Putin incluso se atrevió a ponerle «precio» a la isla, sugiriendo un valor de entre 200 y 1,000 millones de dólares, comparando la situación con la histórica venta de Alaska en el siglo XIX. Al mismo tiempo, Moscú critica el «trato colonial» de Dinamarca hacia el pueblo groenlandés, una narrativa que busca debilitar la cohesión europea mientras Rusia refuerza su propia presencia militar y minera en el Círculo Polar Ártico.
Conflictos e intereses de fondo
¿Por qué Groenlandia? La respuesta no es solo territorial, sino existencial para el futuro económico:
- Recursos Críticos: La isla posee vastos yacimientos de tierras raras y minerales estratégicos, esenciales para la tecnología moderna y la transición energética.
- Rutas Navales: El deshielo está abriendo nuevas rutas comerciales en el Ártico que reducirían drásticamente los tiempos de transporte entre Asia y Occidente.
- Posición Militar: Para EE. UU., controlar la isla significa asegurar el flanco norte de la OTAN y neutralizar la vigilancia rusa en el Atlántico Norte.
Un futuro incierto
La respuesta de Europa ha sido firme: «Groenlandia no está en venta». Siete potencias europeas han lanzado un ultimátum a Washington, defendiendo el derecho a la autodeterminación de los groenlandeses.
Sin embargo, con un Trump decidido a «hacer historia» antes del 250º aniversario de EE. UU. en julio de 2026, y un Putin dispuesto a capitalizar cualquier división en Occidente, Groenlandia se encamina a ser el conflicto definitorio de esta década.

GROENLANDIA
La soberanía de 56,000 personas y el equilibrio ecológico del Ártico penden hoy de un hilo en este gran juego de ajedrez donde el tablero es el hielo y las piezas son el petróleo, los minerales y el poder global.







