ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
LOS ALCARRIZOS, RD.- En política, no hay peor enemigo que el éxito mal gestionado. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) en Los Alcarrizos vive hoy una paradoja peligrosa: mientras ostenta el control institucional y municipal, sus cimientos internos presentan grietas que el egocentrismo político y el grupismo amenazan con ensanchar.
Lo que debería ser un bastión de unidad para consolidar el cambio, se percibe hoy como un archipiélago de intereses particulares donde la base, esa que «gastó los zapatos» para ganar, se siente en el más profundo olvido.

El veneno del grupismo y el ego
El principal síntoma de la crisis en Los Alcarrizos es la fragmentación. El partido parece estar dividido en feudos personales, donde la lealtad no es hacia unas siglas o un proyecto de nación, sino hacia la figura de turno que controla una cuota de poder.
Este grupismo ha generado un canibalismo interno donde se sabotean iniciativas locales solo por el hecho de que «no vienen de mi lado». El egocentrismo de ciertos liderazgos, más preocupados por su próxima aspiración o por colocar a sus allegados, ha desplazado el debate de las soluciones comunitarias por el de la repartición de parcelas.
El desencanto de la base: ¿Un error de cálculo?
La base del PRM en Los Alcarrizos atraviesa un proceso de desafección preocupante. Muchos dirigentes zonales y militantes de a pie sienten que, tras haber sido el motor que llevó al partido al poder, han sido excluidos de la gestión.
El acceso a los lideres locales se ha vuelto un laberinto de muros invisibles. Este olvido es un error de cálculo estratégico; un partido que no mima a su militancia pierde su capacidad de movilización y, lo que es peor, pierde su conexión con el pulso real del barrio. En Los Alcarrizos, la gente no vota por abstracciones, vota por resultados y por el trato de quienes les representan.
¿Cómo fortalecer el partido? Puntos a mejorar
Para que el PRM en Los Alcarrizos no sea víctima de su propio peso, es urgente un cambio de timón en la cultura política local:
- Institucionalización sobre personalismo: Las decisiones deben tomarse en los organismos del partido, no en oficinas privadas o cenas de grupos selectos.
- Reconexión con la base: Es vital abrir canales de comunicación directos y reales. La dirigencia debe bajar de los vehículos climatizados y volver a los callejones, no para pedir votos, sino para escuchar y cumplir promesas pendientes.
- Gestión de unidad: El liderazgo debe entender que la división es la antesala de la derrota. Se requiere un arbitraje interno capaz de sentar en la mesa a los grupos en conflicto y priorizar el interés colectivo.
- Formación política: Menos activismo de nómina y más formación de cuadros. Un militante formado es un defensor del proyecto; un militante olvidado es un potencial opositor.
Los Alcarrizos es una demarcación compleja, con carencias históricas que no esperan por las rencillas de un partido. Si el PRM no logra sanar sus heridas internas y bajar los humos del egocentrismo, corre el riesgo de descubrir, demasiado tarde, que el poder es prestado y que la base, cuando se cansa, simplemente se queda en casa.







