ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMIMGO, RD.- En la política dominicana, suele decirse que los gobiernos no se caen, se desploman desde adentro. Mientras el Palacio Nacional concentra sus energías en contrarrestar las críticas del PLD y la Fuerza del Pueblo, ha comenzado a gestarse un adversario mucho más silencioso, orgánico y peligroso: la oposición interna generada por el mal manejo de sus propios funcionarios.
El divorcio entre el discurso y la oficina
El presidente ha basado su gestión en la bandera de la transparencia y la institucionalidad. Sin embargo, en los niveles medios y altos de la administración, el eco de ese discurso parece perder fuerza. Informes recientes y el termómetro de las redes sociales revelan un malestar creciente debido a prácticas que muchos dominicanos creían superadas.

El punto de mayor fricción es el maltrato a las bases del partido. Dirigentes que sudaron la camiseta para alcanzar el poder denuncian hoy que son «despachados» por funcionarios que han levantado muros de burocracia y arrogancia. «Estamos gobernando con el enemigo y maltratando al amigo», es la frase que más resuena en las asambleas provinciales.
Malas prácticas: El «talón de Aquiles» del cambio
La opinión pública ha puesto la lupa sobre tres comportamientos que están drenando el capital político del Gobierno:
- El clientelismo de «diezmo»: El cobro forzoso de porcentajes salariales a empleados públicos —una práctica que la Ley 41-08 prohíbe— sigue ocurriendo bajo el amparo de «aportes partidarios». Esto no solo es ilegal, sino que genera una resistencia pasiva dentro de las propias instituciones.
- La desconexión territorial: Funcionarios que operan desde oficinas climatizadas en el Distrito Nacional, ignorando las crisis en municipios clave como Los Alcarrizos o Santiago, donde las obras avanzan pero la atención humana retrocede.
- La «Sordera» ante el reclamo social:La prepotencia de algunos ministros al responder a sectores gremiales y sociales está proyectando una imagen de «élite desconectada», dándole a la oposición externa el combustible perfecto para sus ataques.
¿Oposición o «Quinta Columna»?
Para el mandatario, el riesgo es doble. Por un lado, la Ley de Fiscalización y Control del Congreso ahora permite un escrutinio más feroz. Si un funcionario comete un error por negligencia o mala fe, el Congreso —incluso con mayoría oficialista— se verá obligado a actuar para no hundirse con el señalado.
Por otro lado, la verdadera «oposición interna» no es un grupo que conspira, sino una estructura de funcionarios que, al gestionar mal, se convierten en una quinta columna. Cada ciudadano que sale descontento de una oficina pública por un mal servicio o una mala respuesta, es un voto menos que el Presidente tendrá que salir a buscar con el doble de esfuerzo.
La urgencia de una «Poda» política
Analistas políticos coinciden en que el éxito de lo que resta de gestión dependerá de la capacidad del Ejecutivo para realizar una profilaxis interna. No basta con inaugurar grandes obras de infraestructura si la infraestructura ética de quienes dirigen las instituciones está agrietada.
Las secuelas de permitir que estas malas prácticas continúen son claras: un partido desmoralizado para las próximas elecciones y una clase media que, decepcionada por la falta de un cambio real en las formas, podría optar por el castigo en las urnas.
El mensaje para el Palacio es nítido: El enemigo no solo está en la acera de enfrente; a veces, se sienta en el consejo de ministros, viste de saco y corbata, y firma resoluciones que contradicen la promesa de un Gobierno para la gente.







