Máscaras y Aullidos: ¿Qué hay detrás del fenómeno «Therian»?

5 Min Read
Disclosure: This website may contain affiliate links, which means I may earn a commission if you click on the link and make a purchase. I only recommend products or services that I personally use and believe will add value to my readers. Your support is appreciated!

ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMIGO, RD.- En los últimos meses, los parques y patios de recreo de medio mundo —incluyendo los ecosistemas digitales de la República Dominicana— han comenzado a poblarse de una imagen singular: jóvenes que portan máscaras de animales, colas artificiales y que, en ocasiones, emulan movimientos cuadrúpedos o sonidos propios de la fauna silvestre. No es un disfraz de carnaval tardío, ni una obra de teatro escolar. Se trata de los «Therians», un fenómeno que está desconcertando a padres y educadores por igual.

Pero, más allá del impacto visual, surge la pregunta obligatoria: ¿Es esto un problema de educación, un trastorno conductual o una nueva forma de rebeldía generacional?

El Origen: Más allá del TikTok

El término Therian (del griego ther, que significa «animal salvaje») no es nuevo, pero su masificación sí lo es. A diferencia de los Furries (quienes disfrutan del arte y el disfraz de animales antropomórficos por hobby), los Therians afirman poseer una conexión espiritual o psicológica profunda con un animal específico, al que llaman «theriotipo».

Muchos sitúan su origen en foros de internet de los años 90, pero ha sido la era de los algoritmos la que ha sacado esta subcultura a la luz pública. Para el observador casual, puede parecer una excentricidad; para el sociólogo, es un síntoma de algo más profundo.

¿Educación, Conducta o Rebeldía?

Analizar este fenómeno requiere huir de los juicios rápidos. Al desglosarlo, encontramos tres capas que se entrelazan:

  • El refugio de la identidad (Conducta): En un mundo hiperconectado y a menudo hostil, muchos jóvenes encuentran en el «animalismo» una vía de escape. Algunos especialistas sugieren que puede ser un mecanismo de defensa frente a la ansiedad social o el acoso escolar. Identificarse con la fuerza de un lobo o la agilidad de un felino les otorga un sentido de control que no encuentran en su realidad humana.
  • La brecha de la comunicación (Educación): El auge de esta tendencia revela una grieta en nuestro sistema educativo y familiar. Si un adolescente siente que solo puede expresarse a través de un «alter ego» animal, es probable que los canales de comunicación tradicionales estén fallando. Falta educación emocional que valide los sentimientos de «no encajar» sin necesidad de recurrir a la deshumanización simbólica.
  • La estética de la desobediencia (Rebeldía): Al igual que el punk en los 70 o los emos en los 2000, los Therians están usando la estética para incomodar. Es una forma de decir: «No acepto las normas de vuestro mundo adulto». Es una rebeldía que, en lugar de gritar consignas políticas, aúlla a la Luna para marcar territorio frente a una sociedad que consideran fría y excesivamente estructurada.

¿Deberíamos preocuparnos?

La clave, como siempre, está en el equilibrio. Si la práctica se limita a una expresión creativa, un juego de roles o un sentido de pertenencia a un grupo, es probable que sea una fase más del desarrollo de la identidad. Sin embargo, el riesgo surge cuando hay una desconexión total con la realidad o cuando el joven sustituye las interacciones humanas y las responsabilidades básicas por la inmersión permanente en su identidad animal.

No estamos ante una «epidemia», sino ante un espejo de la salud mental juvenil. Castigar la conducta sin entender la causa es como intentar apagar un fuego con gasolina.

Conclusión

El fenómeno Therian es el último grito de una generación que busca ser vista en un mundo saturado de imágenes. Más que un problema de «mala educación», es un recordatorio de que nuestros jóvenes necesitan espacios seguros para ser ellos mismos, sin necesidad de ocultarse tras una máscara de cartón.

Antes de juzgar el aullido, quizás deberíamos empezar por escuchar qué es lo que el joven intenta decir cuando no tiene puesta la máscara. La verdadera educación comienza con la empatía, no con el asombro ante lo extraño.

 

 

Share This Article