ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- La Republica Dominicana se encuentra en un umbral decisivo. Nuestra economía, que está navegando con éxito las turbulencias globales recientes, enfrenta hoy un «TECHO DE CRISTAL» que solo una reforma estructural podrá romper.
Sin embargo, el debate nacional sobre la «Modernización Fiscal» no debe agotarse en la simple meta de recaudar más; la verdadera cuestión es si tendremos la valentía de diseñar un sistema más inteligente, justo y sobre todo, menos estorboso para quien produce.
EL PESO DE LOS ANACRONISMOS
La credibilidad de esta reforma descansa en la coherencia. No se puede pedir un sacrificio mayora la clase media y al sector formal sin antes limpiar la «maleza» tributaria que asfixia la eficiencia. El gobernador del Banco Central, HECTOR VALDEZ ALBIZU, ha puesto el dedo en la llaga al sugerir la eliminación de impuesto anacrónicos y distorsionantes.
Hablamos de esos tributos que operan como ruidos en el sistema: taza que aportan una fracción marginal al fisco pero que imponen un costo burocrático y de cumplimiento desproporcionado para el ciudadano y las PyMES.
Impuesto con el que grava las transferencias electrónicas y los cheques son el ejemplo perfecto de una distorsión contraproducente. En una era donde la bancarización es la mayor arma contras la informalidad y el lavado de activos, castigar el movimiento digital del dinero es un contrasentido técnico. Eliminar estos «microspagos» no es un regalo al sector financiero; es una invitación directa a la formalidad y a la transparencia del flujo monetario.
HACIA UN SISTEMA LIBRE DE DISTORSIONES.
Una reforma objetiva debe reconocer que la informalidad -que ronda el 57%- no se combate solo con persecución, sino con incentivos. Cuando el sistema está plagado de sellos, tasas administrativas y gravámenes a los activos que penalizan la inversión antes de que esta genere beneficios, el Estado se convierte en un socio que cobra por adelantado sin garantizar servicios.
La propuesta debe ser clara: Simplificar para fortalecer. Al podar estos impuestos distorsionantes que complican la contabilidad nacional, la DGII podría concentrar sus recursos en atacar los grandes focos de evasión y el fraude fiscal donde realmente se encuentran los recursos que el país necesita para su desarrollo.
EL NUEVO CONTRATO SOCIAL
La veracidad de los datos nos indica que no hay espacio para más parches. La recapitalización del Banco Central y la reducción del déficit estructural de las eléctricas son deudas pendientes que requieren fondos, pero el ciudadano exige una contrapartida ética: la eficiencia del gasto público.
El éxito de esta pieza legislativa no se medirá por los miles de millones de pesos adicionales que entren a las arcas del Estado, sino por la capacidad de transformar ese flujo en una mejora tangible de la calidad de vida.
Si el Gobierno logra eliminar lo que estorba y gravar con equidad, estaremos ante una verdadera modernización. Delo contrario, solo estaremos ante un nuevo capítulo de la misma historia: castigar al que cumple para financiar la ineficiencia de un sistema que se niega a evolucionar.
Es hora de pasar de una fiscalidad de supervivencia a una fiscalidad con propósito. El país no solo espera que le digan cuanto debe pagar, sino que le demuestren que, por fin, el Estado sabe en qué y cómo debe invertir.







