ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
LOS ALCARRIZOS, RD.- En la política, como en la física, el vacío absoluto no existe; siempre termina siendo llenado por el caos o por un nuevo liderazgo. En el municipio de Los Alcarrizos, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) atraviesa hoy una de sus crisis de identidad más profundas. Lo que debería ser una maquinaria aceitada por el ejercicio del poder, se percibe para muchos perremeístas como una estructura ACÉFALA, atrapada en una guerra de trincheras que amenaza con desmoronar lo construido.
La realidad es inocultable: la división entre la presidencia y la secretaría municipal ha creado un cortocircuito que electrocuta las aspiraciones de la base. No es solo una diferencia de criterios; es una fractura expuesta donde las «colas» de dirigentes, lejos de apagar el fuego, empujan con pifias estratégicas que solo elevan la llama de la discordia.

Esta parálisis ha provocado una peligrosa ausencia de la alta dirigencia local en los momentos en que el municipio más ha necesitado orientación, dejando un sentimiento de orfandad en los cuadros medios y bajos.
Esta acefalía emocional y política ha obligado, en reiteradas ocasiones, a que la alta dirigencia nacional tenga que intervenir de emergencia. El «auxilio» desde Santo Domingo no es un cumplido para el liderazgo local, sino una señal de alerta: cuando el centro debe bajar a imponer orden en la periferia, es porque el control se ha perdido y la caída política está a la vuelta de la esquina.
Es en este escenario de incertidumbre donde la figura de Junior Jiménez comienza a proyectarse con una fuerza distinta. Con cinco años de militancia sólida en el PRM, Jiménez no es un improvisado. Su paso previo por la presidencia municipal del PRD le otorgó una «escuela de mando» que hoy parece ser el ingrediente faltante en Los Alcarrizos. No se trata solo de ocupar una silla, sino de conocer el lenguaje de la base y poseer la madurez necesaria para detener la hemorragia interna.

Para una parte importante de la militancia, Jiménez representa la posibilidad de una transición ordenada. Su perfil se percibe como el de un mediador capaz de sentar en la mesa a las facciones en pugna, devolviéndole al partido la institucionalidad que se ha perdido entre ataques personales y agendas individuales.
«En Los Alcarrizos, el PRM no necesita más capitanes de facción; necesita un director de orquesta que entienda que el ruido de la división solo beneficia a la oposición».
El reto para el 2026 es inmenso. El municipio es un bastión estratégico que no soporta más improvisaciones ni ausencias prolongadas.
Si el PRM desea retener su hegemonía, debe mirar hacia liderazgos que, como el de Junior Jiménez, combinen la experiencia operativa con la capacidad de unificar.
Al final del día, los partidos no mueren por los ataques externos, sino por la incapacidad de sus líderes de ponerse de acuerdo. En Los Alcarrizos, el tiempo de los pifias debe terminar, para que comience, de una vez por todas, el tiempo de la unidad.






