La ilusión del consenso: El pulso interno que define el mapa del poder

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- Bajo la superficie de las notas de prensa institucionales y las fotos de abrazos coreografiados, los partidos políticos dominicanos atraviesan hoy, 27 de marzo de 2026, una de sus transiciones más complejas.

Lo que el ciudadano percibe como una calma estratégica es, en realidad, una ebullición de intereses donde la vieja guardia —esos operadores territoriales que conocen cada callejón— mide fuerzas con una nueva generación armada de visibilidad mediática y respaldo institucional. No es solo una lucha por candidaturas; es una guerra por el control del ADN de las organizaciones.

En este tablero, las cúpulas partidarias han optado por la receta del «consenso forzado». Existe un pánico compartido a las primarias abiertas y sangrientas que en el pasado fracturaron padrones y lealtades.

Por ello, la orden que baja desde los niveles altos es clara: acuerdos tácticos, cuotas internas y promesas de posiciones futuras. Sin embargo, este barniz de unidad es frágil. Lo que vemos hoy no es una paz consolidada, sino una contención de daños; una negociación «por debajo de la mesa» que intenta evitar que las grietas lleguen al ojo público antes de tiempo.

El termómetro más fiel de esta tensión se encuentra en las demarcaciones periféricas, específicamente en la Circunscripción 5 de la provincia Santo Domingo.

En los municipios de Los Alcarrizos y Pedro Brand, la política no se hace en salones climatizados, sino en el cuerpo a cuerpo del control territorial. Aquí, la fragmentación es la regla: no existe un liderazgo único que logre alinear todas las voluntades, lo que ha convertido a esta zona en un laboratorio de aspiraciones cruzadas.

El verdadero foco de poder se ha desplazado hacia los distritos municipales. Lugares como Pantoja, Palmarejo-Villa Linda, La Cuaba y La Guáyiga ya no son meros apéndices del municipio cabecera; son piezas de ajedrez determinantes.

Sus estructuras movilizan el «arrastre» necesario para inclinar la balanza en las decisiones internas del partido.

En estos distritos, el choque de intereses es frontal: funcionarios actuales que apuestan a la continuidad se enfrentan a figuras emergentes que, con un discurso de renovación, buscan desbancar a los liderazgos comunitarios tradicionales.

¿Hay consenso real en la Circunscripción 5?

En el discurso público, sí; en la práctica, es parcial y movedizo. Las aspiraciones a puestos internos del partido en Los Alcarrizos y Pedro Brand muestran que las bases no siempre aceptan los pactos sellados en las oficinas nacionales. Hay una resistencia silenciosa de quienes sienten que su trabajo de años en el territorio está siendo canjeado por acuerdos de aposento.

El panorama que se visualiza hacia los próximos meses es el de un equilibrio precario. La política dominicana de este 2026 está aprendiendo que el consenso no se decreta, se construye.

Mientras las dirigencias sigan priorizando la contención sobre la participación real, las estructuras internas seguirán siendo ollas de presión.

Al final del día, el control territorial de la Circunscripción 5 y el éxito de los partidos dependerá de si esos acuerdos tácticos logran transformarse en una unidad genuina o si, por el contrario, son solo el preludio de una fragmentación inevitable.

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