La justicia del Jet Set: ¿Celeridad procesal o el peso de la balanza?

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- En el teatro de la justicia dominicana, pocas escenas generan tanta suspicacia como aquellas donde el tiempo parece dilatarse o contraerse según el calibre de los protagonistas. La reciente audiencia preliminar del caso Jet Set, recesada para el próximo lunes, nos coloca de frente a un dilema que la sociedad dominicana mastica con amargura: la percepción de una justicia con dos velocidades.

Por un lado, el Ministerio Público ha sido enfático en aclarar que el retiro de nueve querellas particulares a favor de los propietarios de la emblemática discoteca no frena la acción penal.

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Es un recordatorio técnico necesario: el Estado sigue siendo el titular de la persecución. Sin embargo, en el imaginario popular, el desistimiento de las víctimas particulares no se lee como un trámite legal, sino como el síntoma de un sistema donde los recursos y el poder económico logran «aceitar» acuerdos que el ciudadano de a pie nunca tendrá a su alcance.

La sociedad observa con estupor la celeridad con la que se «canta» medida de coerción y se condena a quien, empujado por la miseria, sustrae un racimo de plátanos, mientras que procesos de gran envergadura —con evidencias que muchos consideran irrefutables— parecen atrapados en un laberinto eterno de incidentes, recesos y tecnicismos. ¿Es un posible inocente quien maneja recursos, o es simplemente que el sistema le ofrece un escudo de garantías que al pobre le es negado por defecto?

Esta percepción de asimetría es el veneno más corrosivo para nuestra institucionalidad. Cuando el proceso se alarga, la justicia se diluye. Lo que para los abogados defensores es «debido proceso», para la ciudadanía es «darle vueltas a las cosas». El riesgo de este cansancio social es el cinismo: la convicción de que la cárcel es un destino exclusivo para los «descalzos» y que, para los dueños del gran capital, el banquillo de los acusados es apenas una parada incómoda que se resuelve con tiempo y buenos abogados.

El Ministerio Público tiene ahora la carga de demostrar que la acción penal no es un traje a la medida. El receso hasta el lunes debe ser el preludio de una determinación real, no una pausa más en una coreografía de impunidad percibida. Porque en una democracia sana, el peso de la ley debe ser igual para quien roba por hambre que para quien supuestamente delinque desde el brillo de las luces de neón. De lo contrario, seguiremos confirmando que en República Dominicana, la justicia, más que ciega, a veces solo mira hacia donde no hay billetes.

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