La vigilancia del miedo en la era post-COVID

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- El mundo de hoy padece de una suerte de estrés postraumático sanitario. Tras las profundas cicatrices dejadas por el COVID-19, cualquier titular que asocie las palabras «brote», «crucero» y «virus» dispara de inmediato las alarmas de la ansiedad colectiva. A principios de mayo de 2026, el hantavirus ha regresado al centro de la conversación pública tras confirmarse un brote a bordo del crucero MV Hondius.

Sin embargo, antes de sucumbir al pánico, es imperativo que la ciencia tome la palabra: no estamos ante la secuela de la pandemia de 2020, aunque sí frente a una patología que exige una vigilancia tan estrecha como rigurosa.

Hantavirus Pulmonary Syndrome (HPS): Cause, Transmission, Diagnosis and ...

La realidad del hantavirus es drásticamente distinta a la del coronavirus, aunque su letalidad sea considerablemente mayor. El evento del MV Hondius, que hasta este 7 de mayo reporta ocho casos positivos y tres lamentables fallecimientos, encendió las alarmas debido a la identificación de la cepa Andes.

Esta variante es la única capaz de transmitirse directamente entre seres humanos, pero —y aquí reside la calma— lo hace de forma muy ineficiente y solo bajo condiciones de contacto estrecho. A diferencia del SARS-CoV-2, que viajaba libremente por el aire en cualquier entorno, el hantavirus prefiere las sombras de la ruralidad y el rastro de los roedores.

Para la República Dominicana y el resto del Caribe, el panorama es de tranquilidad vigilada. Al día de hoy, no existe evidencia de circulación activa del virus en nuestro territorio. El Ministerio de Salud Pública ha sido enfático: el riesgo para la población dominicana es «muy bajo», cumpliendo estrictamente con los protocolos del Reglamento Sanitario Internacional.

La prevención, más que una imposición estatal, debe ser un hábito de higiene doméstica. El virus se transmite principalmente por la inhalación de partículas de desechos de roedores infectados, lo que convierte a la limpieza en nuestra mejor defensa.

La regla de oro es simple: nunca barrer en seco en lugares que han permanecido cerrados; hay que ventilar y humedecer con cloro antes de limpiar. El riesgo en entornos urbanos con buen control de plagas es prácticamente inexistente, y aunque no existe una vacuna, la medicina de soporte ha avanzado lo suficiente para gestionar los casos diagnosticados a tiempo.

No existe una exención biológica ante el hantavirus; todos somos susceptibles si nos exponemos al vector. Pero en la administración de la salud pública, la información veraz es el mejor antídoto contra la desinformación que vuela más rápido que cualquier virus. Hoy, el mayor peligro no es una nueva pandemia, sino la ignorancia de los hechos.

El hantavirus es una realidad que requiere atención hospitalaria y rigor científico, pero no es el fin de la normalidad que tanto nos costó recuperar. En la mesa de la salud global, la prudencia debe ser el plato principal, y la calma, nuestro mejor refugio.

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