ELLOS OPINAN RD
Por: Pablo Lugo Adames (General ® ERD, Dr. en Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil)
- “Al no prepararse, se está preparando para fracasar” Benjamín Franklin
SANTO DOMINGO, RD.- La seguridad en los centros educativos públicos no debe limitarse al cumplimiento de trámites administrativos ni a la elaboración de manuales, directrices, planes y protocolos que permanecen archivados hasta que ocurre una emergencia. Por el contrario, debe constituir una condición esencial para garantizar la integridad física de estudiantes, docentes, personal administrativo y visitantes. La protección civil exige trascender los planes de contingencia aislados y consolidarse como un componente permanente de la infraestructura, la organización y la formación educativa, mediante responsabilidades compartidas entre el Estado, las autoridades escolares y la comunidad educativa.
La protección civil y la gestión del riesgo de desastres no son tareas puramente asistenciales o de ingeniería, sino procesos sociales complejos destinados a gestionar la vida misma y a reducir de manera integral las condiciones de debilidad creadas por los seres humanos. Así lo expresa el experto en gestión ambiental y construcción social de vulnerabilidad generada por el ser humano que incrementa la probabilidad de desastres, Gustavo Wilches-Chaux de nacionalidad colombiana.

Las aseveraciones de Wilches-Chaux hablan de procesos, permitiéndonos interpretar que la protección civil, principalmente en la formación integral de los ciudadanos debe ser cíclica, permanente y un elemento transversal de la educación pública, considerando que este es el espectro inicial y más abarcador del desarrollo progresivo de una sociedad. En ese sentido un desarrollo integral de la protección civil en el proceso educativo en la República Dominicana debe abarcar la formación teórico-práctica y el establecimiento de medidas físicas de alertas ante posibles emergencias o desastres.
Con relación a la protección civil el geógrafo e investigador británico Allan Michael Lavell, enfatiza que es la etapa de la atención que corresponde a la ejecución de las acciones prevista en la etapa de preparación y que, en algunos casos, ya ha sido atendida por actividades de alistamiento y movilización, motivada por la declaración de diferentes estados de alerta. Estableciendo bien claro que, si bien las alertas forman parte del proceso, muchas acciones para una respuesta eficaz deben ejecutarse ante del evento o de las alertas oficiales.
Desde esta perspectiva, la seguridad escolar debe comprenderse como un proceso continuo de identificación de amenazas, reducción de vulnerabilidades, preparación y fortalecimiento de las capacidades de respuesta. Por consiguiente, no basta con disponer de protocolos escritos o esperar las alertas emitidas por las autoridades competentes; resulta indispensable que cada centro educativo cuente con mecanismos internos que permitan detectar situaciones de peligro, comunicar oportunamente las emergencias y activar procedimientos de protección previamente establecidos.
Basado en los planteamientos de estos dos grandes constructores de la gestión integral de riesgos de desastres cómo un fenómeno socio natural y pilar fundamental del desarrollo integral de la sociedad latinoamericana, en esta primera parte abordaremos el tema desde la prevención física en los centros educativos públicos en primer orden y que debe interesar al sector privado por su gran incidencia en el proceso formativo, dejando para una segunda parte la capacitación cognoscitiva (teórico-práctica) de la gestión integral de riesgos de desastres de los futuros tomadores de decisiones en la República Dominicana.
En un siglo XXI, matizado por el avasallante uso de la tecnología en donde la inteligencia artificial si bien no adelante el conocimiento, permite acelerar los procesos. En ese sentido tener que depender de los avisos de alertas que emiten los organismos correspondientes ante una eventual amenaza es utilizar hoy en día el método indígena de señales de humo para prevenir los efectos adversos de un posible desastre en un plantel escolar.
Los mecanismos tradicionales de alerta pueden resultar útiles frente a amenazas que se manifiestan con suficiente anticipación, como determinados fenómenos meteorológicos. Sin embargo, ante eventos súbitos, tales como incendios, terremotos, explosiones o situaciones de violencia, los centros educativos necesitan disponer de sistemas internos de alarma, procedimientos de evacuación o resguardo, personal capacitado y mecanismos de comunicación inmediata. La ausencia de estas capacidades incrementa la vulnerabilidad de sus ocupantes y limita las posibilidades de una respuesta organizada durante los primeros momentos de la emergencia.
Los acontecimientos recientes que han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas de comunicación y alerta constituyen una oportunidad para evaluar las capacidades de respuesta de los centros educativos ante situaciones imprevistas. Más allá de las iniciativas institucionales existentes, resulta necesario determinar en qué medida los planteles escolares disponen de mecanismos propios de detección, alarma y comunicación, así como de personal preparado para activar oportunamente los procedimientos de protección correspondientes.
La protección de los centros educativos públicos requiere distinguir entre los sistemas oficiales de alerta temprana, destinados a informar sobre amenazas que pueden afectar a una comunidad o territorio, y los sistemas internos de detección, alarma y comunicación de emergencias, cuya finalidad es facilitar una actuación inmediata dentro del plantel escolar. Ambos mecanismos son complementarios. Mientras las alertas oficiales orientan las decisiones preventivas de las autoridades educativas, los sistemas internos permiten activar oportunamente los protocolos de evacuación, confinamiento o resguardo, según la naturaleza de la amenaza, hasta la intervención de los organismos especializados de respuesta.
Recientemente nuestros hermanos puertorriqueños, a través del Departamento de Educación de Puerto Rico inauguró y activó oficialmente su sistema de alertas de emergencias, instalado en más de 830 planteles escolares y dependencias el cual contempla entre otros instrumentos: botón de pánico, altoparlantes, instrucciones en vivo, mensajes grabados, dispositivos móviles, plataforma tecnológica, sistema de respaldo de energía entre otras atributos esenciales ante emergencias o desastres, una clara política preventiva de protección civil en el sector educativo.
La experiencia puertorriqueña podría constituir una referencia para evaluar la factibilidad de incorporar sistemas integrados de alerta y comunicación de emergencias en los centros educativos públicos dominicanos, mediante un estudio técnico que considere las condiciones de infraestructura, los riesgos específicos de cada plantel, los costos de implementación y las necesidades de capacitación del personal.
Los sistemas de alerta ante eventos súbitos no es un asunto de tecnología, sino de voluntad política y estratégica de desarrollo, si bien su existencia y desarrollo se atribuye a la protección de las tropas y ciudadanía en los diferentes bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, su aplicación en los centros educativos para diferentes tipos de emergencias en los países desarrollados o en vía de desarrollo es de uso común. Someter a nuestros estudiantes a la adivinanza, a la suerte y a la improvisación en tema de protección civil es vivir recordando a Santa Bárbara cada vez que truena.
Las escuelas no solo deben constituir espacios destinados a la enseñanza y al aprendizaje, sino también entornos seguros donde la protección de la vida sea una prioridad permanente. Fortalecer los sistemas internos de detección, alarma y comunicación de emergencias en los centros educativos públicos representa una necesidad que debe abordarse mediante planificación, inversión, capacitación y evaluación continua. Esperar a que ocurra una tragedia para reconocer las deficiencias existentes significaría desaprovechar la oportunidad de actuar preventivamente. El timbre escolar debe seguir convocando al aprendizaje, pero los sistemas de emergencia deben estar preparados para proteger vidas.








