Canibalismo Político: El invierno de nuestra democracia

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMIMGO, RD.- La salud de la democracia dominicana hoy no se mide en las urnas, sino en la intensidad de las hogueras que arden dentro de sus propias organizaciones. Mientras el país conmemora el 182 aniversario de su Independencia en este febrero de 2026, el sistema de partidos parece atrapado en un ciclo de degradación interna que amenaza con desconectarlos definitivamente de la realidad ciudadana.

Lo que hoy presenciamos no es un debate de ideas, sino una guerra de desgaste que erosiona las bases mismas de la institucionalidad.

El síntoma del desinterés

El dato más alarmante no proviene de los búnkeres de campaña, sino del ciudadano de a pie. Entrando ya en la segunda mitad del periodo gubernamental, las encuestas de percepción muestran un fenómeno preocupante: el crecimiento de la desafección. Ante la pregunta sobre su identidad partidaria, un porcentaje cada vez mayor de dominicanos se declara «independiente» o «apático», superando en muchos casos la simpatía que generan las siglas tradicionales por separado.

Radiografía de una crisis sistémica

El conflicto no discrimina colores; es un mal que parece haberse vuelto crónico:

  • En el oficialismo (PRM): Con la mirada puesta en el horizonte sucesorio, las tensiones por el liderazgo interno han comenzado a filtrarse. La gestión de las expectativas de las bases y las fricciones por puestos en la administración pública siguen siendo un «fuego amigo» que el partido intenta sofocar para no empañar la narrativa de gobierno.
  • En la oposición (FP y PLD): El escenario sigue marcado por la fragmentación. Tras los resultados del último ciclo electoral, la lucha por ser la «verdadera voz» de la oposición ha consumido más energía en ataques mutuos que en la fiscalización del Poder Ejecutivo. Las purgas y el transfuguismo han dejado a las estructuras locales en un estado de incertidumbre.
  • El olvido de las bases: La democracia interna se ha convertido en un concepto retórico. Mientras las cúpulas se enfrascan en pugnas por el control de los sellos gomígrafos, los grandes temas nacionales —seguridad, costo de vida y reformas estructurales— quedan en un lejano segundo plano.

¿Partidos o maquinarias de exclusión?

El riesgo de este canibalismo es que los partidos dejen de ser vehículos de representación para convertirse en circuitos cerrados. Organizaciones de la sociedad civil han advertido que, si la política sigue siendo percibida como un espacio de «quítate tú para ponerme yo», el vacío de confianza será llenado por figuras mesiánicas o por un abstencionismo histórico.

La democracia dominicana ha demostrado ser robusta, pero no es inmune al desgaste provocado por quienes deberían ser sus principales guardianes. Al celebrar un año más de libertad soberana, la gran pregunta es: ¿podrán los partidos rescatarse a sí mismos antes de que el electorado decida pasarles factura definitiva?

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