ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- La República Dominicana atraviesa un déjàvu energético que desvela tanto a los hogares como a la estabilidad política del actual Gobierno. Mientras el termómetro no da tregua, los apagones han regresado con una intensidad que desborda la paciencia ciudadana. Pero más allá de la falta de kilovatios, lo que se está fundiendo en el país es la confianza del electorado.
En las calles y redes sociales, el murmullo es unánime y cargado de sospecha. Existe la creciente percepción de que las Edes podrían estar provocando estas interrupciones de forma intencional. ¿El objetivo? Presionar por mayores transferencias de subsidios estatales, en una especie de «chantaje operativo» donde el rehén es el ciudadano de a pie.
Apagon Nacional en RD
Esta crisis golpea con especial crueldad al pequeño comerciante y a la clase media baja. Muchos, confiados en la promesa de una «energía 24/7», desmantelaron sus inversores o simplemente no tienen el músculo financiero para costear el combustible de una planta eléctrica. Para el colmadero que pierde sus productos lácteos o el emprendedor que ve su jornada interrumpida, el apagón no es una estadística técnica, es un golpe directo al bolsillo.
Por otro lado, surge la teoría del «enemigo interno». En los pasillos políticos se debate si el presidente ha «afilado cuchillo para su propia garganta». La permanencia de funcionarios en el sector eléctrico que generan más ruido que soluciones, sumada al fenómeno del transfuguismo y las lealtades volátiles, plantea una interrogante seria: ¿Son estos puestos los que frenarán una continuidad en el 2028?
Es bien sabido que el votante dominicano padece de una conveniente amnesia selectiva. Históricamente, un Gobierno asegura su permanencia si sus últimos dos años son brillantes, logrando que el elector olvide los sacrificios del inicio del cuatrienio —ese amargo «pasar el Niágara en bicicleta»—. Sin embargo, jugar con el sistema eléctrico es jugar con fuego. Si la administración apuesta a que para mediados del 2026 las cosas mejoren mágicamente para borrar el malestar actual, está asumiendo un riesgo sistémico.
La energía eléctrica es el motor de la economía y el termómetro del humor social. Si el Gobierno no logra disciplinar a las Edes y transparentar la gestión energética, la «amnesia» del votante podría verse interrumpida por un apagón lo suficientemente largo como para que, en la oscuridad de la urna, el pueblo decida cambiar de interruptor.







