El juego de la silla en la Circunscripción 5

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- En el ajedrez político dominicano, la Circunscripción 5 del Gran Santo Domingo siempre ha sido reconocida como una plaza de alta intensidad y pasiones desbordadas. Sin embargo, de cara al próximo ciclo electoral, las reglas del juego han cambiado de forma dramática por mandato de la demografía y las leyes del tablero.

Lo que antes era un espacio de representación para seis diputados, se ha contraído a cinco escaños. Esta reducción de una curul no es un simple ajuste estadístico; es un «tijerazo» político que ha desatado una guerra de supervivencia interna donde el espacio es cada vez más pequeño y los competidores más feroces.

El meollo de la situación actual radica en las matemáticas de la permanencia. Los diputados actuales, con especial énfasis en la camada del Partido Revolucionario Moderno (PRM), no han perdido tiempo. Conscientes de que el pastel se ha achicado, se han atrincherado en sus territorios, reforzando sus estructuras políticas, aceitando sus cuadros de masas y saliendo a captar nuevos adeptos con una agresividad que delata el miedo a quedar fuera.

En un escenario donde los actuales legisladores se perfilan casi de manera unánime a buscar la reelección, la pregunta obligada desde las ciencias políticas es: ¿Qué pasará con los rostros nuevos que aspiran a una diputación pero no poseen esa maquinaria pesada?

La respuesta es cruda pero realista: sin estructura, en la Circunscripción 5 solo queda la intemperie. La reducción de la cuota eleva el costo de entrada a la boleta y al Congreso. Los liderazgos emergentes, aquellos que apuestan a las ideas, al discurso digital o al carisma individual sin el respaldo de una base orgánica de cuadros y comités, se encuentran ante un muro de hormigón.

En esta plaza políticamente fuerte, el romanticismo de la «nueva política» choca de frente con el pragmatismo de las maquinarias que saben movilizar el voto en Los Alcarrizos, Pedro Brand, La Guáyiga, La Cuaba o Pantoja.

En este laberinto de aspiraciones, la alcaldía y la estructura municipal del partido oficialista juegan un papel arbitral y estratégico que no se puede ignorar. El gobierno local y la dirección del partido en el municipio no son espectadores pasivos; son los dueños de la logística, del empleo y del termómetro de las bases.

Quien cuente con el guiño o el respaldo soterrado de la estructura municipal corre con una ventaja competitiva inmensa. La cúpula local tiene la capacidad de inclinar la balanza, canalizando recursos, apoyos e incentivos hacia determinados candidatos bajo la premisa de «garantizar la plaza», lo que a menudo termina por asfixiar a los competidores independientes o sin padrinos en el ayuntamiento.

La reducción de seis a cinco diputados en la Circunscripción 5 pone a prueba la madurez del PRM y del sistema de partidos. El reto de la dirección municipal es administrar esta escasez de espacio sin canibalizar sus propias fuerzas ni cerrar el paso al relevo necesario.

Si el proceso de selección interna se percibe como un reparto exclusivo para los que ya tienen el control, se corre el riesgo de sembrar el descontento y los brazos caídos. Al final del día, en una demarcación donde cada voto cuenta, obligar a los aspirantes a jugar a las «sillas musicales» con una curul menos puede ser una estrategia eficiente para blindar a los veteranos, pero también la receta perfecta para distanciar a una ciudadanía que observa cómo la política se concentra en proteger sus privilegios en lugar de ampliar su representación.

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