ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- El análisis metodológico de la economía dominicana contemporánea en este miércoles 28 de octubre de 2026 obliga a contrastar los discursos oficiales de crecimiento y estabilidad macroeconómica con las vivencias fácticas del ciudadano de a pie en los colmados, mercados y supermercados de la nación. La expresión popular que advierte sobre la dificultad de acceder a alimentos básicos y proteínas esenciales debido al encarecimiento del costo de la vida trasciende la simple queja cotidiana para convertirse en un preocupante indicador sobre la pérdida real del poder de compra del salario formal e informal.
Factualmente, los informes emitidos de manera centralizada por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) y el índice de precios al consumidor demuestran una persistente inflación de oferta impulsada por el encarecimiento internacional de los insumos agrícolas, el transporte marítimo y los combustibles locales.

Esta realidad fáctica se traduce de manera directa en que el costo promedio de la canasta básica familiar general se mantenga de forma restrictiva por encima de los 45,000 pesos dominicanos, consolidando una disonancia drástica frente a las escalas de remuneración vigentes en el mercado laboral formal.
Desde la perspectiva de la formulación de políticas de bienestar social, el verdadero meollo del malestar colectivo radica en el rezago de las remuneraciones en relación con los ajustes de la inflación acumulada. Mientras los precios de los bienes esenciales se incrementan de forma continua, el sueldo de los trabajadores permanece congelado bajo contratos fijos, provocando que los presupuestos de los hogares transiten de forma sistémica hacia un estado de sobregiro financiero donde los ingresos quincenales se evaporan en un lapso mínimo tras su recepción para cubrir deudas acumuladas.
La transparencia informativa exige precisar que las mesas de negociación tripartita y los subsidios directos del Estado han procurado amortiguar el impacto sobre los sectores vulnerables; no obstante, para la clase trabajadora media y baja, el diseño de estas pautas asistenciales resulta insuficiente para detener la asfixia económica diaria, forzando a las familias a recortar consumos básicos, eliminar la previsibilidad del ahorro y buscar segundos empleos formales o informales en un entorno de alta volatilidad global.
Por consiguiente, el valor analítico de registrar este desahogo ciudadano en el debate público digital no reside en la promoción de alarmas infundadas, sino en aportar un diagnóstico transparente que presione hacia el diseño de políticas públicas orientadas al ajuste salarial real, equilibrado y ajustado al costo real de la vida.
La consolidación de una estabilidad económica e institucional verdaderamente inclusiva en la región del Caribe requiere que las autoridades fiscales y monetarias utilicen los portales de datos abiertos institucionales para evaluar el impacto real del gasto básico familiar de los contribuyentes, desmantelando los discursos que ignoran la realidad de las calles.
La preservación de la paz social y el desarrollo sostenible de la nación dependerán de la capacidad de las autoridades y los sectores productivos para implementar de forma previsible reformas estructurales que devuelvan la capacidad de consumo y la dignidad al salario, garantizando que el sacrificio diario de las familias dominicanas no se disuelva ante la presión de los mercados internacionales.









