ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- En el complejo ajedrez de la geopolítica mundial, el tablero de Medio Oriente ha entrado en una fase de ebullición que no admite indiferencia. La escalada de tensiones entre Irán y los Estados Unidos, marcada por ataques cruzados, el uso de proxies en la región y la retórica nuclear, ha dejado de ser un conflicto televisado para convertirse en una amenaza directa a la estabilidad económica global.
Para la República Dominicana, una nación pequeña, abierta al comercio y dependiente de la energía importada, esta no es una noticia de «exteriores»: es una variable crítica de nuestra seguridad nacional.

El Epicentro del Caos: El Estrecho de Ormuz
La verdad objetiva es que Irán posee la llave de uno de los cuellos de botella más importantes del mundo: el Estrecho de Ormuz, por donde transita casi el 20% del consumo mundial de petróleo líquido. Cualquier amago de cierre o sabotaje en esta zona dispara automáticamente los precios del crudo.
A nivel mundial, esto genera un choque de oferta. Si el barril de petróleo supera la barrera psicológica de los 100 dólares debido al conflicto, las economías desarrolladas enfrentarán una nueva ola inflacionaria, obligando a los bancos centrales (como la Reserva Federal de EE. UU.) a mantener tasas de interés altas, lo que encarece el crédito global.

El Impacto en República Dominicana: El «Golpe» al Bolsillo
Como analistas de políticas públicas, sabemos que nuestro país es un «tomador de precios». Lo que sucede en el Golfo Pérsico se traduce, en cuestión de días, en nuestra realidad local:
- Factura Petrolera y Subsidios: El Gobierno dominicano destina semanalmente millones de pesos para subsidiar los combustibles y evitar que el alza golpee al consumidor. Un conflicto prolongado Irán-EE. UU. drenaría el presupuesto nacional, restando fondos que deberían ir a educación, salud o la propia reforma policial.
- Inflación en la Canasta Básica: No es solo la gasolina. El aumento del flete marítimo y de los fertilizantes (derivados del petróleo) encarecería la producción de arroz, plátanos y pollos, afectando al ciudadano que ya lucha contra el costo de la vida.
- Turismo y Remesas: Si la economía estadounidense se ralentiza por el alto costo de la energía, el flujo de turistas y el envío de remesas —los dos pulmones de nuestra economía— podrían verse comprometidos.
¿Qué esperar a corto y largo plazo?
- A corto plazo:Debemos esperar una volatilidad extrema. Los mercados reaccionan al miedo. Veremos fluctuaciones en el precio del oro (refugio seguro) y una presión constante sobre el tipo de cambio del dólar en el mercado local.
- A largo plazo:Si el conflicto escala a una guerra abierta, el mundo enfrentará una reconfiguración de bloques. Irán buscará refugio en el eje China-Rusia, mientras que EE. UU. exigirá lealtades totales a sus socios. Esto complicará nuestra diplomacia comercial, obligándonos a elegir bandos en un escenario de «Guerra Fría» renovada.
¿A qué debemos estar preparados?
La República Dominicana debe abandonar la cultura de la reacción y abrazar la de la resiliencia. Debemos estar preparados para:
- Austeridad Fiscal: El Estado tendrá que priorizar el gasto ante una posible reducción del crecimiento económico global.
- Aceleración Energética: La crisis en Medio Oriente es el recordatorio definitivo de que no podemos depender del petróleo. La transición a energías renovables ya no es un tema ecológico, es un tema de supervivencia económica.
- Seguridad Alimentaria: Fortalecer la producción nacional para depender menos de insumos extranjeros que viajan por rutas marítimas hoy amenazadas.
Conclusión
El conflicto Irán-EE. UU. nos demuestra que las fronteras son porosas ante la economía. Mientras en nuestra política doméstica nos distraemos con dádivas y debates de «acta mata votos», el mundo real se mueve bajo la lógica de la fuerza y los recursos.
Como país, no podemos detener los misiles en el desierto, pero sí podemos blindar nuestra administración pública con transparencia, ahorro y visión estratégica. La tormenta geopolítica está ahí; de nosotros depende que nos encuentre con la casa en orden o con las ventanas abiertas.







