ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- Ayer, en una conversación casual, alguien me sugería con insistencia que debía «limitarme» a los temas municipales. Que ahí está el nicho, que ahí está lo cotidiano. Sin embargo, como profesional de las Ciencias Políticas y la Administración Pública, me es imposible aceptar ese encierro intelectual. ¿Cómo entregarse por completo a la gestión de lo local cuando el sistema que sostiene esa gestión parece agrietado por prácticas que la academia no puede ignorar?
La preparación, la entrega y el esfuerzo técnico de muchos se estrellan, cada cuatro años, contra un muro invisible, pero de acero: el oportunismo de la dádiva. Es aquí donde la teoría política choca con la realidad del asfalto.

El Triángulo de las Bermudas Electoral: Dádivas, Compra y el «Acta»
Para quienes estudiamos el Estado, es doloroso observar cómo el voto —el átomo de la democracia— se degrada en un intercambio mercantil. No podemos tapar el sol con un dedo: el fenómeno de la compra de voluntades y el clientelismo no solo altera un resultado; altera la psicología de una nación.
Se dice con frecuencia en los pasillos de los centros de votación que «acta mata votos». Esta frase, que debería ser una aberración para cualquier demócrata, resume la desconfianza sistémica. Sugiere que el esfuerzo de convencer, de proponer y de planificar políticas públicas puede ser borrado por la pluma de un delegado o la manipulación de un formulario en la oscuridad de un conteo cuestionable. Si la voluntad popular puede ser «ajustada» administrativamente, ¿qué espacio queda para la Ciencia Política?
La Trampa del Enfoque Municipal
Enfocarse únicamente en lo municipal es, en ocasiones, mirar solo el síntoma y no la enfermedad. Los problemas de basura en Los Alcarrizos, el caos vial o la deficiencia en los servicios no son accidentes fortuitos; son el resultado directo de cómo se llega al poder.
Si un funcionario llega al cabildo gracias al clientelismo o a la ingeniería de actas, sus prioridades no serán la eficiencia administrativa ni el bienestar colectivo, sino el pago de favores y la recuperación de la «inversión» electoral. Por eso, mi enfoque no puede ser solo local. Debemos mirar hacia arriba: hacia las políticas públicas estatales, hacia la transparencia de los órganos rectores y hacia la geopolítica que hoy, con la crisis en Haití y las presiones internacionales, condiciona hasta el presupuesto del municipio más pequeño.
Un Compromiso con la Verdad Completa
Mi motivación, lejos de menguar ante estas sombras, se fortalece. El círculo de las Ciencias Políticas no está para decorar la realidad, sino para diseccionarla. No podemos ser «ciegos por conveniencia».
- A las políticas públicas: Hay que exigirles rigor técnico, no parches electorales.
- A la geopolítica: Debemos entenderla para que no nos sorprendan con soluciones foráneas que vulneren nuestra soberanía.
- A la ética ciudadana: Debemos recordarle que una dádiva de un día es el hambre de cuatro años.
Conclusión
Seguiré escribiendo sobre los municipios, sí, pero no como islas aisladas. Los Alcarrizos, Santo Domingo oeste y este o Santiago son el reflejo de nuestro sistema político general. Si el voto se compra y el acta se altera, la administración pública se corrompe.
Mi compromiso es con el análisis integral. Porque de nada sirve una ciudad limpia si el sistema que la gobierna está sucio. La política no es solo el arte de ganar; es la ciencia de servir con dignidad, y esa ciencia nos exige mirar hacia todos los frentes, sin miedo a lo que encontremos debajo de la alfombra.







