ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- El anuncio del memorando de entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán para poner fin a más de 100 días de guerra confirma un giro tectónico en la geopolítica global: Teherán ha emergido estratégicamente victorioso del conflicto.
El pacto preliminar, negociado contrarreloj con la mediación de Pakistán y Qatar, dibuja un escenario donde el gobierno iraní no solo resistió la ofensiva militar conjunta lanzada por Washington e Israel el pasado 28 de febrero, sino que forzó a la administración de Donald Trump a ceder en sus líneas rojas más estrictas. Al utilizar el control absoluto sobre el Estrecho de Hormuz como un torniquete de asfixia para los mercados energéticos mundiales, la República Islámica obligó a la mayor potencia del planeta a sentarse a negociar un alto al fuego que deja al régimen teocrático firmemente de pie y con un capital político reforzado en todo el Medio Oriente.

Hoy, martes 16 de junio de 2026, la aceptación de este cese al fuego por parte de la comunidad internacional no responde a un respaldo político a Teherán, sino a un ejercicio de pragmatismo puro y duro. Países de la Unión Europea, China, India y economías emergentes validaron el pacto debido a que el bloqueo marítimo amenazaba con desatar una recesión mundial de proporciones históricas.
Las concesiones económicas obtenidas por Irán en el borrador de 14 puntos son el testimonio más claro de su triunfo diplomático: el acuerdo obliga a Washington a desbloquear de manera inmediata 24,000 millones de dólares en activos iraníes, otorga exenciones a las sanciones petroleras para reactivar la exportación de más de 3 millones de barriles diarios e incluye compromisos aliados para planes de reconstrucción valorados en 300,000 millones de dólares. A cambio, Teherán solo cedió un congelamiento temporal de su enriquecimiento de uranio por 60 días, logrando excluir de la agenda su arsenal de misiles balísticos y el financiamiento a sus milicias regionales.
En términos de posicionamiento y crecimiento socioeconómico, Irán se visualiza ahora como una potencia emergente con un potencial de expansión agresivo. Con proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por encima del 7% para el próximo año, el Estado islámico pasa de estar bajo un cerco financiero a consolidarse como el eje económico central del Golfo Pérsico, atrayendo inversiones milmillonarias de socios estratégicos como Pekín y Moscú, lo que pulveriza definitivamente el aislamiento diplomático que Occidente intentó imponerle por décadas.
En la acera opuesta, la postura de Israel ante este escenario es de absoluto rechazo, amargura y alarma estratégica. El gobierno de Benjamin Netanyahu considera que el acuerdo es una «capitulación histórica» que deja intacta la infraestructura nuclear de su archienemigo y fortalece financieramente a milicias aliadas como Hezbollah en el Líbano y los hutíes en Yemen.
Al extenderse el cese de hostilidades hacia el frente libanés, Israel se encuentra en su momento de mayor aislamiento diplomático en años, enfrentando severas fracturas en su política interna y debates sobre si debe acatar el pacto o ejecutar acciones militares unilaterales ante lo que percibe como una amenaza existencial inminente.
Finalmente, para el ciudadano de a pie en países importadores netos de energía como la República Dominicana, este cese al fuego es un bálsamo directo contra el fantasma de la inflación. La reapertura de las vías de tránsito marítimo ya ha comenzado a despresurizar los mercados de materias primas, provocando una caída sostenida en los precios internacionales del barril de petróleo.
Este alivio en los fletes logísticos y el costo de la energía internacional permitirá que el Gobierno dominicano ejecute con mayor margen de maniobra el congelamiento de precios anunciado en los combustibles locales, deteniendo el efecto dominó que encarecía los productos de la canasta básica.
Al final del día, el conflicto demuestra los límites del poder militar convencional frente a la guerra asimétrica: aunque el pacto deja profundas heridas políticas en el plano de la seguridad, en el ámbito económico representa el respirador artificial que el mundo necesitaba para devolver la previsibilidad a los presupuestos familiares.







