Entre el Cedro y el Águila: El equilibrio dominicano ante la tensión global

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- En el complejo tablero internacional, la República Dominicana ha dejado de ser un espectador para convertirse en un actor de equilibrio. Mientras la tensión entre Washington y Teherán alcanza niveles críticos, Santo Domingo se mueve en una cuerda floja donde la ascendencia libanesa del presidente Luis Abinader y nuestra alianza histórica con Estados Unidos convergen en una sola palabra: prudencia.

La realidad es que esta crisis no es ajena. Al cierre de esta semana, la volatilidad del crudo presiona el Presupuesto General, obligando al Estado a decidir entre mantener los subsidios a los combustibles o arriesgar la paz social. En este contexto, el origen del mandatario ha servido como un puente inusual: ha permitido que capitales de los Emiratos Árabes y Catar vean en el país un puerto seguro, una ventaja competitiva que pocos en la región pueden exhibir.

Sin embargo, este «silencio estratégico» del Palacio Nacional ha desatado una tormenta interna. Muchos comunicadores y sectores de la oposición política —liderada por el PLD y la Fuerza del Pueblo— han comenzado a calificar esta postura como una «parálisis por conflicto de intereses». Alegan que el país muestra tibieza frente a su principal socio comercial, EE. UU., por temor a represalias que afecten los lazos con el mundo árabe.

Para los críticos, el Gobierno está sacrificando la claridad de principios democráticos por una diplomacia transaccional. Pero lo que la oposición etiqueta como miedo, en el rigor de la Cancillería se lee como protección de activos. Emitir juicios viscerales en un conflicto de potencias nucleares expondría innecesariamente a nuestra diáspora y desviaría el foco de nuestra verdadera urgencia geopolítica: la crisis en Haití.

La República Dominicana no tiene el peso militar para inclinar la balanza en el Golfo Pérsico, pero tiene la solvencia para abogar por la paz desde una neutralidad activa. El presidente Abinader entiende que, en este tablero, somos un «Estado pivote». Mantener el equilibrio entre el apoyo estratégico a Washington y el respeto a sus raíces no es una debilidad, es una maestría de filigrana que busca evitar que el fuego ajeno queme nuestra casa.

En política exterior, lo que no se dice suele ser tan importante como lo que se comunica. Mientras la oposición hace su trabajo de presionar desde la barrera, al estadista le toca la tarea más difícil: convencer al país de que, a veces, el silencio es el escudo más fuerte de la nación.

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