Entre el estrado y la calle: El país que espera el 27 de febrero

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosarios Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- Esta semana, los pasillos del Congreso Nacional recuperan ese brillo solemne que precede a la cita más importante del calendario político dominicano: la Rendición de Cuentas. Sin embargo, más allá del pulido de las alfombras y el protocolo de los trajes blancos, la verdadera expectativa no está en el Capitolio, sino en las grietas de una realidad nacional que exige respuestas menos estadísticas y más humanas.

El presidente Luis Abinader llega a este 27 de febrero en un momento de claroscuros técnicos. Por un lado, el Gobierno exhibe con orgullo un crecimiento económico que desafía los pronósticos regionales y una meta ambiciosa de alcanzar el 50% de formalidad laboral en la próxima década.

Es un relato de éxito macroeconómico que, sobre el papel, resulta envidiable. Pero la objetividad nos obliga a mirar el otro lado de la balanza: un servicio de la deuda pública que, según proyecciones recientes de especialistas como Haivanjoe Ng Cortiñas, superará los US$9,000 millones este año, consumiendo casi la mitad de lo que producimos.

La pregunta que el lector se hace frente al café de la mañana es simple: ¿Cuándo sentiremos esa bonanza en el carrito del supermercado? La brecha entre el «país de los índices» y el «país del colmado» es el mayor desafío comunicativo y político del Ejecutivo.

A esto se suma una frontera que no solo sangra por la migración, sino por la infraestructura. El deterioro crítico del puente binacional en Dajabón —donde las grietas ya no son metáforas, sino peligros físicos para quienes comercian entre ambas naciones— simboliza una gestión del mantenimiento que parece ir siempre un paso detrás de la emergencia. No basta con blindar la frontera con muros si los puentes que sostienen nuestra economía regional se caen a pedazos.

Este viernes, el país no solo quiere escuchar cuántos kilómetros de asfalto se entregaron o cuántos cruceros atracaron en Cabo Rojo. La ciudadanía espera una hoja de ruta clara sobre la Seguridad Ciudadana, una materia donde la percepción de vulnerabilidad sigue ganándole la batalla a las notas de prensa de la Policía Nacional.

La Rendición de Cuentas de 2026 no debe ser un ejercicio de autocomplacencia. En un escenario donde la sombra de una Reforma Fiscal es el elefante en la habitación que nadie quiere nombrar, la transparencia y el realismo serán los únicos puentes capaces de conectar la retórica oficial con la confianza del pueblo. El viernes sabremos si el discurso será un mapa para el futuro o simplemente otro espejo para el pasado.

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