ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- En el diseño de las políticas públicas y el desarrollo urbano, la infraestructura de transporte masivo suele ser el motor que redefine la identidad de las periferias [¿Se oculta algo?]. En este mes de junio de 2026, la Circunscripción 5 del Gran Santo Domingo —un territorio estratégico que abraza a Los Alcarrizos, Pedro Brand y sus distritos municipales— se observa ante un espejo de profundos contrastes.
Por un lado, las monumentales obras ejecutadas por el Gobierno central, encabezadas por el Teleférico de Los Alcarrizos, la expansión de la Autopista Duarte y los tramos finales de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo, prometen una conectividad sin precedentes con el Distrito Nacional [La paradoja del surtidor: El costo de un petróleo ajeno y un presupuesto bajo fuego].

Sin embargo, al apagar los focos de las grandes inauguraciones estatales, emerge la cruda realidad del asfalto local: un sistema que conecta de forma ágil hacia afuera, pero que colapsa de manera caótica hacia adentro.
El primer gran dilema de esta demarcación es la desconexión entre la macroinfraestructura y el tránsito interno. Mientras un ciudadano puede cruzar kilómetros suspendido en una cabina del teleférico o en los rieles del metro, su trayecto se detiene drásticamente al pisar la acera.
Las calles internas de los barrios más apartados de Pedro Brand, Pantoja o la misma periferia de Los Alcarrizos siguen atrapadas en un entramado de vías estrechas, carentes de aceras funcionales y asfixiadas por la falta de un sistema eficiente de rutas alimentadoras.
El avance estatal ha integrado la periferia a la metrópoli, pero las municipalidades locales han fallado en ordenar el tránsito de motoconchos, carros públicos y comercios informales que terminan por neutralizar los minutos ganados en los sistemas de transporte masivo.
Esta brecha de planificación se agudiza al observar el agresivo boom inmobiliario que arropa a los distritos municipales de Pantoja y La Guáyiga. Beneficiadas por los incentivos del fideicomiso de viviendas de bajo costo, estas zonas se han transformado en el refugio habitacional de miles de familias de la clase trabajadora que buscan un techo propio.
El crecimiento, sin embargo, se ejecuta sin freno ni brújula de ordenamiento territorial. El talón de Aquiles de estos masivos complejos de apartamentos es el colapso anticipado de los servicios básicos: la densificación poblacional avanza a pasos de gigante, mientras el suministro de agua potable sigue siendo una promesa intermitente, el drenaje pluvial es inexistente y el déficit de escuelas y centros de salud primaria sitúa a los nuevos residentes en una situación de precariedad institucional insostenible.
El meollo socioeconómico de la Circunscripción 5 radica en su condición histórica de «municipio dormitorio». La gran mayoría de sus residentes despierta antes de que salga el sol para emprender una migración diaria hacia el centro de la capital, donde se concentran las fuentes de empleo formal, consumiendo horas de vida y productividad en los desplazamientos.
Desde la perspectiva de la administración pública, la conectividad vial debe dejar de ser una vía de escape para convertirse en un canal de atracción productiva. Urge un cambio de enfoque que incentive fiscalmente la instalación de parques industriales, zonas francas tecnológicas y centros logísticos en los terrenos disponibles de Los Alcarrizos o Pedro Brand, generando empleos locales que dinamicen la economía interna y rompan la dependencia asfixiante de la centralidad urbana.
La realidad que vive la Circunscripción 5 en este 2026 nos enseña que gobernar el territorio es algo más que trazar rutas de transporte masivo o autorizar licencias de construcción. Las alcaldías locales y las juntas distritales, pasadas ya las efervescencias electorales, tienen la responsabilidad ineludible de asumir el control de sus calles, fiscalizar los desarrollos inmobiliarios y exigir al Gobierno central una inversión complementaria en servicios e industrias locales.
El progreso no puede ser una calle de una sola vía. Los Alcarrizos y sus comunidades merecen consolidarse como un nodo de desarrollo integral donde la modernidad de sus modernos trenes y teleféricos rime, finalmente, con el orden de sus calles, la pureza de sus servicios y la dignidad laboral de su gente en su propio territorio.







