La isla en el tablero de cristal: Oportunidades y olvidos en el nuevo orden

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ELLOS OPINAN RD

Por: Letixia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.- El mundo ha dejado de ser una red de comercio lineal para convertirse en un tablero de cristal, brillante pero extremadamente frágil. Mientras las miradas del G7 permanecen fijas en el barro de Ucrania y el fuego cruzado en el Medio Oriente, se está gestando un nuevo orden global dictado por la rivalidad entre Estados Unidos y China. Para economías pequeñas como la de República Dominicana, este escenario no es solo un desafío de política exterior; es la redefinición absoluta de nuestro modelo de supervivencia económica.

Estamos en la era del nearshoring y el friendshoring. La tensión entre Washington y Pekín ha provocado que las cadenas de suministro busquen puertos seguros y aliados ideológicos.

En este contexto, RD se ha posicionado con astucia: nuestra cercanía geográfica con el coloso del norte y nuestra estabilidad democrática nos convierten en la «joya de la corona» del Caribe para la inversión que huye de la incertidumbre asiática. Sin embargo, este optimismo macroeconómico tiene un talón de Aquiles silencioso: la fatiga geopolítica.

El giro inesperado es que el interés del mundo tiene un límite de atención. Tras años de sostener frentes bélicos y financieros en Europa del Este y Gaza, las prioridades internacionales están mutando.

Existe un riesgo real de que el Caribe —y específicamente la crisis de seguridad en Haití— caiga en el «punto ciego» de las potencias. Mientras nosotros demandamos una intervención decidida y recursos para la estabilidad regional, los centros de poder global parecen sufrir de un agotamiento que los lleva a replegarse en sus propios conflictos de alta intensidad.

Menos atención internacional suele traducirse en menos fondos de cooperación y una diplomacia de «paños tibios» que no resuelve los problemas de fondo en nuestra frontera.

La República Dominicana navega, pues, entre la oportunidad y la vulnerabilidad. Somos resilientes, sí, pero dependemos de un flujo de capital y una atención política que hoy está siendo succionada por otros epicentros.

La gran pregunta es: ¿Podremos mantener el ritmo de crecimiento si el mundo decide mirar hacia otro lado? El éxito de nuestra estrategia país dependerá de nuestra capacidad para dejar de ser vistos solo como un destino de playa y consolidarnos como un nodo tecnológico y logístico imprescindible.

Debemos estar preparados para un escenario donde las ayudas externas sean más escasas y la competencia por la inversión sea más feroz. En este mundo fragmentado, la soberanía económica no se pide, se construye fortaleciendo el mercado interno y diversificando alianzas sin quedar atrapados en la guerra fría del siglo XXI.

Al final del día, en un tablero donde los gigantes se cansan, solo las naciones ágiles y con visión propia logran evitar que el olvido internacional se convierta en su mayor crisis.

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