¿Nos Estamos Distrayendo?El Ruido Interno y el Abismo de al Lado

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ELLOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETY)

SANTO DOMIGO, RD.- La política dominicana tiene una capacidad casi hipnótica para encerrarnos en un laberinto de espejos. Los lunes nos despertamos con el estruendo de nuevas «malas prácticas» de funcionarios actuales que, entre la soberbia y la inexperiencia, traicionan la mística de la transparencia. Acto seguido, escuchamos las quejas de una oposición que, con aires de «mosquita muerta», pretende darnos lecciones de ética como si el país no tuviera memoria de sus propios desfalcos.

Sin embargo, mientras nos enredamos en este cruce de acusaciones domésticas, una tormenta perfecta se gesta al otro lado de la frontera. El riesgo es que, cegados por el escándalo del día, ignoremos lo que realmente debería quitarnos el sueño: la metamorfosis de la crisis en Haití y los oscuros intereses internacionales que la rodean.

 

El Espejismo de la Oposición y la Falta de los Nuestros

Es indignante ver a funcionarios que, en lugar de servir, se sirven, empañando el esfuerzo de una gestión que prometió ser distinta. Pero es igualmente cínico ver a los voceros del pasado presentarse como el «mejor ejemplo de gobierno», cuando sus cimientos fueron los que, en gran medida, permitieron que la institucionalidad se debilitara hasta el punto que hoy criticamos.

Este ping-pong político es, en realidad, una cortina de humo. Mientras el país se entretiene analizando quién robó más o quién mintió mejor, la situación en Haití ha pasado de una crisis de bandas a una mesa de ajedrez geopolítico donde la República Dominicana es la ficha más expuesta.

Haití: La Intervención y los Intereses Ocultos

A medida que avanzan las intervenciones de fuerzas extranjeras (bajo el liderazgo de Kenia y el respaldo financiero de potencias occidentales), debemos preguntarnos: ¿Qué buscan realmente esos países? La historia nos ha enseñado que las potencias no intervienen por caridad, sino por estrategia.

  1. La «Solución Dominicana» al Problema Haitiano: No es un secreto que sectores de la comunidad internacional siguen coqueteando con la idea de que la República Dominicana sea el receptor logístico y humanitario de la crisis. Las presiones para instalar campamentos de refugiados o flexibilizar aún más la frontera no son casualidad; son intereses que buscan aliviar la carga de otros países a costa de nuestra estabilidad social y económica.
  2. El Control de Recursos: Haití no es solo caos; es un territorio con recursos mineros y una posición geográfica clave. Las intervenciones actuales podrían estar pavimentando el camino para concesiones futuras que nada tienen que ver con la democracia haitiana, pero que sí podrían generar secuelas negativas para nuestra soberanía ambiental y territorial.

Las Secuelas que ya Tocan nuestra Puerta

Si permitimos que el ruido de la política barata nos ciegue, no estaremos preparados para las secuelas negativas que ya están en marcha:

  • Presión sobre el Sistema Sanitario y Educativo: Mientras discutimos por un contrato irregular en una oficina pública, nuestros hospitales y escuelas siguen bajo una presión migratoria que ningún presupuesto nacional puede resistir a largo plazo.
  • Seguridad Nacional: La fragmentación del poder en Haití y la ineficacia de las intervenciones extranjeras están provocando un flujo de armas y criminalidad que no conoce fronteras.

Conclusión

Que las faltas de unos y el cinismo de otros no nos distraigan de lo fundamental. Es imperativo que la sociedad dominicana exija honestidad a sus funcionarios, pero con la mirada puesta en el mapa, no solo en el titular de la prensa rosa política.

La República Dominicana no puede permitirse el lujo de estar «distraída» mientras en el tablero internacional se decide el futuro de la isla. El verdadero desafío no es solo limpiar la casa de malos funcionarios, sino asegurar que la casa siga siendo nuestra y no el patio de desahogo de intereses foráneos. Es hora de despertar del letargo doméstico.

 

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