Por qué la oposición condena en los medios lo que aprueba con el voto

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ELLPOS OPINAN RD

Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)

SANTO DOMINGO, RD.-  Esa contradicción flagrante es el secreto a voces más grande de la política dominicana contemporánea. Ver a los líderes de los partidos de oposición desgarrarse las vestiduras en los medios digitales y en los programas de televisión, calificando la reforma tributaria exprés de «golpe al bolsillo del pueblo», para luego observar cómo sus legisladores levantan la mano en el Congreso es un espectáculo que genera una profunda desafección ciudadana.

Desde la óptica de las ciencias políticas, este comportamiento no es un error de comunicación ni una confusión de los diputados; responde a una estrategia fríamente calculada donde el discurso público se utiliza para sintonizar con la indignación de las calles, mientras que el voto real en la Cámara se entrega a cambio de transacciones de poder y cuotas institucionales que nunca se ventilan frente a las cámaras de la prensa.

Para entender la realidad de este doble juego parlamentario, es obligatorio desnudar los incentivos detrás de las bancadas opositoras. En el Congreso de la República Dominicana, la aprobación de piezas fiscales de alta urgencia, como la reciente reforma tributaria promulgada por el Poder Ejecutivo, requiere de intensas negociaciones tras bambalinas.

El oficialismo, aunque cuente con mayorías cómodas, busca legitimidad procesal y rapidez; es ahí donde la oposición cotiza su voto. Esos diputados que supuestamente «apoyan todo lo que se somete» suelen viabilizar las leyes del Gobierno a cambio de la aprobación de obras específicas para sus provincias (fondos para acueductos o carreteras que les aseguren la reelección local), el mantenimiento de empleos para sus seguidores en la estructura del Estado o el archivo silencioso de expedientes incómodos. Es un pragmatismo crudo: se le entrega al Gobierno el centavo que pide a cambio de la supervivencia política de la cúpula partidaria.

Asimismo, existe un factor de conveniencia fiscal que los partidos minoritarios jamás admitirán en un comunicado de prensa. Ninguna organización política que aspire a gobernar en el futuro inmediato desea recibir un Estado quebrado, sin capacidad de recaudación o asfixiado por los compromisos de la deuda pública.

Al permitir que el actual Gobierno asuma el costo político total de implementar medidas impositivas antipopulares, la oposición se ahorra tener que aplicar una reforma fiscal en el mañana. Su estrategia consiste en dejar que el oficialismo haga el «trabajo sucio» recaudatorio, votando a favor en el hemiciclo para garantizar la estabilidad macroeconómica del sistema, mientras mantienen el micrófono abierto en los medios de comunicación para capitalizar electoralmente el descontento de la clase media y trabajadora dominicana.

Al final del día, lo que ocurre en el Congreso Nacional evidencia que la verdadera brecha en nuestro sistema político no divide a los partidos entre sí, sino a la élite que legisla de la ciudadanía que paga los platos rotos. La oposición opera bajo la premisa de que el votante olvida rápido el registro de las actas de votación, pero retiene el titular de prensa donde se atacó al Gobierno.

Desmitificar este teatro del hemiciclo es un ejercicio indispensable para la salud democrática de la nación: un bloque opositor que renuncia a su rol de contrapeso real y prefiere el intercambio de favores en los pasillos congresionales deja al ciudadano común desamparado. La reforma tributaria ya es ley gracias al empuje del oficialismo y la docilidad pactada de la oposición; ahora nos toca a los ciudadanos recordar que la firmeza de un líder político se mide por el color de su voto en la pantalla del Congreso, y no por la elocuencia de sus discursos en las redes sociales.

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