ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- En la diplomacia del siglo XXI, la relevancia estratégica ya no se mide exclusivamente por la contigüidad geográfica, sino por la complementariedad de las visiones de Estado.
La reciente visita oficial a la República Dominicana de la presidenta de Surinam, Jennifer Geerlings-Simons, constituye un hito de altísimo interés para los analistas de la administración pública y las relaciones internacionales. Surinam, un país ubicado en la costa noreste de América del Sur —pero históricamente integrado al Caribe a través de su militancia en la Comunidad del Caribe (CARICOM)—, ha tocado las puertas de Santo Domingo buscando consolidar un «diálogo fuerte».

El Palacio Nacional y el Congreso de la República abrieron sus puertas a una delegación que no vino a cumplir con un trámite protocolar, sino a diseñar una alianza que reconfigura los equilibrios de nuestra cuenca regional.
El meollo y la misión principal de este encuentro de trabajo radican en el pragmatismo económico y energético. Para la República Dominicana, Surinam representa un aliado estratégico de primer orden por una razón fundamental: su potencial minero e hidrocarburífero en pleno desarrollo.
En momentos en que el costo de la vida y la volatilidad del petróleo debido a las tensiones globales en el Estrecho de Ormuz presionan el presupuesto de los hogares dominicanos, diversificar nuestros socios energéticos es una prioridad de seguridad nacional.
Surinam, por su parte, observa en nuestra media isla un modelo de éxito en la captación de inversión privada, un centro logístico eficiente y un referente indiscutible en la gestión de la industria turística que ellos desean emular en sus vastas reservas naturales.
Los diálogos sostenidos al más alto nivel fructificaron en la firma de seis acuerdos estratégicos y una declaración conjunta entre ambos mandatarios. El abanico de convenios abarca sectores neurálgicos como el turismo, la inversión privada, la cooperación académica diplomática y la agricultura, orientados a fortalecer la seguridad alimentaria mediante el intercambio de biotecnología y buenas prácticas de producción sostenible.
Sin embargo, la medida de impacto más inmediato y que ha capturado la atención de la opinión pública digital es la decisión de Surinam de eliminar el requisito de visado para los ciudadanos dominicanos que viajen por turismo.
Esta exención es una bocanada de aire fresco para el pasaporte dominicano y el preludio del establecimiento de servicios aéreos directos que conectarán de forma fluida el Caribe insular con el territorio continental.
Los beneficios de esta alianza son recíprocos y de doble vía. Mientras las empresas dominicanas adquieren una plataforma preferencial para exportar bienes y servicios hacia el mercado surinamés, el país se posiciona como el puente natural para la integración económica entre Sudamérica y los mercados del Norte. Desde la óptica de las ciencias políticas, esta aproximación demuestra una madurez en nuestra política exterior, que deja de mirar exclusivamente hacia los socios tradicionales para tejer redes horizontales de cooperación Sur-Sur con naciones que poseen recursos críticos para el futuro de la región.
La visita oficial de la presidenta Jennifer Geerlings-Simons cierra un capítulo de acercamiento y abre una etapa de ejecución institucional. La lección de fondo que nos deja este encuentro es que, en un orden mundial impredecible, la resiliencia nacional se construye ampliando el horizonte de nuestras alianzas.
El verdadero éxito de estos seis acuerdos no se medirá en la solemnidad de las firmas en las escalinatas del Palacio Nacional, sino en la capacidad de la administración pública para transformar estos memorandos en vuelos comerciales activos, en transferencia tecnológica para nuestros campos y en una mayor seguridad energética para la mesa de cada dominicano.
Surinam y la República Dominicana han decidido caminar juntos, recordándonos que el mar Caribe no es una barrera que nos separa, sino el puente que nos invita a gobernar el desarrollo con una sola dirección.







