San Cristóbal: una tierra llena de historia y dominicanidad

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ELLOS OPINAN RD

Por: Hainan Reynoso Uribe

SAN CRISTOBAL, RD.- En el Parque Eugenio de Jesús Marcano, en un segundo nivel que domina la arboleda y el ruido de una ciudad llena de símbolos, se encuentra el pequeño local del Centro Duartiano de San Cristóbal. El espacio carece de agua corriente, energía eléctrica y aseo.

En ese modesto escenario que dista de la grandeza, esfuerzo y valentía del patricio Juan Pablo Duarte, fue recibido un equipo de Hoy, por don Emiliano de la Rosa Garabito, presidente del centro y estudioso apasionado de la historia nacional.

Iglesia Nuestra Señora de la Consolación o Capilla Sixtina del Caribe.

Don Emiliano habló durante horas de lo que denomina “las reliquias históricas de San Cristóbal”, esos hechos fundacionales que, a su juicio, colocan a la provincia como origen de buena parte de la historia americana.

Según el recuento, en el territorio que hoy comprende Villa Altagracia se fundó la primera fortaleza formal de América: el Fuerte Buenaventura o San Cristóbal, levantado por los europeos luego del traslado de La Isabela, la primera ciudad española en el Nuevo Mundo.

“Ahí se encontró la primera mina de oro en América y de ahí salió el primer embarque del metal hacia Europa”, afirma el cronista.

Un huracán habría impedido que el dorado embarque llegara al viejo continente. Cuenta don Emiliano que el galeón y el botín aún yacen en algún lugar indeterminando de las profundidades del mar.

De esa temprana bonanza minera surgiría la ruta de los ríos Haina y Ozama, vinculados con la historia de Miguel Díaz y la india Ozema u Ozama, quien luego fue bautizada por el amo español como Catalina.

Ya en el siglo XVI, San Cristóbal fue también escenario de la “primera gran experiencia agroindustrial del continente”. En la ribera del río Nigua florecieron ingenios azucareros como el Boca de Nigua y Diego Caballero. “Esas son las ruinas industriales coloniales más viejas de América”, afirma de la Rosa.

“San Cristóbal fue el primer centro agroindustrial del Caribe y, en parte, de América. Aquí comenzó todo: la minería, industria, educación. Esta tierra está llena de historia, aunque pocos lo sepan”, asegura con orgullo don Emiliano.

La historia continuó escribiéndose entre el oro y el azúcar. En Cambita Garabitos, el conquistador Rodrigo de Bastidas de la Rosa estableció hacia 1551, una extensa hacienda azucarera que, con los años, se dividió en Cambita Sterling y Cambita Uribe.

De aquel ingenio quedan dos torres de piedra de más de dos metros de altura, conocidas como Las Torres de Don Melchor. “Son los muros del antiguo ingenio. Allí surgió la leyenda de Baltasar Melchor López de Castro, que quería subir al cielo en su mula para quitarle el mando a Dios”, narra el historiador popular.

Presunto vestigio taíno.

Presunto vestigio taíno.

El hoy balneario La Toma es la reminiscencia de la primera represa de América, construida por el conquistador español en 1520. El propósito era canalizar agua para la ciudad. Don Emiliano asegura que el acuífero ya era aprovechado por los taínos como canal de riego.

En la biblioteca personal de don Emiliano reposan algunas piezas de barro que conserva desde 1967. Fueron halladas en un cafetal de Cumía Arriba, Cambita y, aunque no han sido certificadas, sostiene que pertenecieron a los taínos: “Son idénticas a las que uno ve en los museos, no hay posibilidades de fraude”, afirma con convicción.

Murales de Vela Zanetti, en la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación.

Murales de Vela Zanetti, en la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación.

Esas piezas y las estructuras que aún sobreviven en diferentes puntos de la provincia forman parte del inventario de reliquias históricas que, afirma, deberían ser declaradas patrimonio cultural de la humanidad. Entre ellas cita:

– Las ruinas de Boca Nigua, primer complejo “industrial” de América.

– El pozo del Castillo del Cerro, atribuido a la ocupación haitiana y del cual ésta periodista no pudo comprobar su existencia

– El ataúd de Trujillo, ubicado en el sótano de la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación, “con sus coronas metálicas y restos de la sangre del tirano ajusticiado”.

– La Iglesia Nuestra Señora de la Consolación o “la Capilla Sixtina del Caribe, con frescos de Vela Zanetti”.

– Las Cuevas del Pomier, “el santuario indígena más grande del Caribe”, con importantes manifestaciones de arte rupestre.

A su juicio, muchas de esas reliquias corren peligro, debido al abandono institucional, ignorancia o simple desinterés. “…las Torres de Cambita se están cayendo, el Pomier lo están volando con dinamita”, denuncia.

Su preocupación se extiende también a la memoria moderna, como la Casa de Caoba, una de las moradas del tirano Trujillo. Recuerda que funcionó como museo, donde el mobiliario y objetos estaban identificados en tres idiomas y atraía a turistas extranjeros. “Lo saquearon, el ciclón David terminó de destruirlo”, lamenta.

Frente a la pérdida del acervo, De la Rosa propone un modelo de educación patrimonial desde las escuelas: “Hay que enseñar los temas locales en las aulas, como se hace en los países desarrollados. Si educamos y hacemos cumplir la ley, este país fuera una potencia”.

Este cronista de la memoria local continúa recibiendo visitas de estudiantes y curiosos en su oficina, sin luz ni agua, pero llena de pasión. “San Cristóbal tiene reliquias de valor único en América. Si no las cuidamos ahora, mañana solo quedará contar que una vez las tuvimos”.

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