ELLOS OPINAN RD
Por: Leticia Rosario Monción (LETTY)
SANTO DOMINGO, RD.- El ecosistema comunicacional contemporáneo en la República Dominicana asiste a una dinámica de saturación informativa donde la velocidad de los contenidos digitales parece condicionar la capacidad de atención y fiscalización de la ciudadanía.
La construcción de debates públicos no siempre responde a la emergencia espontánea de las inquietudes comunitarias, sino a la implantación deliberada de matrices de opinión diseñadas de manera estratégica para desplazar del foco mediático los temas estructurales de alta sensibilidad política, fiscal y económica.

Quienes ejercen el análisis de los medios con rigor técnico logran identificar con claridad matemática cuándo una controversia responde a una preocupación social orgánica y cuándo se configura una cortina de humo mediática sostenida por multiplicadores de información con el objetivo de adormecer la conciencia colectiva.
La reciente y desproporcionada amplificación de debates en torno a figuras del ámbito religioso, como el persistente escrutinio sobre las declaraciones y actividades de la pastora Yesenia Then, constituye un ejemplo fehaciente de cómo la agenda pública puede ser inundada con polémicas de carácter privado y doctrinal, mientras las demandas axiales de la población civil quedan relegadas a un plano de invisibilidad temporal.
Esta tendencia a que un tema coyuntural e hiperamplificado opaque de forma sistemática a otro introduce una preocupante distorsión en los mecanismos de rendición de cuentas del Estado central y de los gobiernos locales de proximidad.
Al evaluar la realidad factual desde la acera del ciudadano de a pie, la masificación de estas discusiones accesorias genera la falsa e irónica percepción de que el territorio ha superado de golpe sus vulnerabilidades históricas. Parecería que, bajo el amparo de la distracción mediática, los incidentes vinculados al uso desproporcionado de la fuerza en las intervenciones de la Policía Nacional han desaparecido, que la tendencia al alza en los productos de la canasta familiar y los hidrocarburos se ha detenido, que el descontento social frente a las transiciones regulatorias del nuevo Código Penal se ha disipado y que las fiscalías locales se encuentran vacías por falta de conflictos penales o administrativos que resolver.
Esta aparente normalidad, que anula el debate técnico sobre las deficiencias de los servicios públicos y la salud, fuerza a una franja de la población civil atrapada en el suspenso y el temor a evocar la conocida expresión popular de cuestionar con ironía si el porvenir y la justicia social llegarán en un transporte colectivo de concho, resumiendo el profundo escepticismo de una masa social que se sabe subestimada por las élites que dirigen la narrativa digital.
Superar este ciclo de manipulación de la agenda informativa representa un requisito indispensable para fortalecer la gobernanza democrática y preservar la transparencia en la gestión pública dominicana. Los profesionales de las ciencias sociales y los columnistas digitales tienen la responsabilidad ética y legal de ejercer una vigilancia bidireccional continua, despojando sus escritos de pasiones personales y anclando el análisis en el dato verídico y los indicadores macroeconómicos oficiales suministrados por los organismos de control estatal.
Exigir que los tomadores de decisiones y los medios tradicionales sustituyan la ligereza de los escándalos prefabricados por el tratamiento riguroso de las políticas de bienestar, el empleo juvenil y la equidad fiscal es la única vía para reconstruir el fragmentado contrato social.
El éxito y la madurez de la democracia dominicana frente a las inevitables tensiones del presente ciclo legislativo dependerán de la capacidad de la ciudadanía organizada para rechazar los distractores sistemáticos, acudiendo de forma directa a las fuentes institucionales primarias y garantizando que la fiscalización social seria siga operando como el motor inexpugnable, previsible y transparente de una nación que no puede subordinar su futuro al arbitrio de la improvisación y el espectáculo.







